Cuando de VIH se trata, es inevitable hablar de la discriminación que sufrimos las personas que vivimos con el virus, y al pensar en las causas, lo primero que se me viene a la mente es la desinformación que hay en torno al tema.
En primer lugar, hay que aclarar que gracias a los avances científicos, en la actualidad la vivencia del VIH ha evolucionado, de ser una enfermedad mortal ha pasado a ser un mal que se puede controlar con ayuda de ciertos fármacos, es decir, el VIH se ha convertido en una enfermedad crónica; porque lamentablemente sigue siendo una enfermedad, con todo lo que eso implica: médicxs, hospitales, tratamientos invasivos para el cuerpx, medicación, estudios, estrés, angustia, miedo, mucho miedo. ¿Por qué miedo? Porque son tantos los mitos y fantasmas que giran en torno al VIH, que muchísimas personas, aún en el 2018, siguen asociando el diagnóstico positivo con la muerte, o peor aún, con el que dirán.
Para quienes no lo saben, al día de hoy, si bien no ha sido hallada LA CURA (que hace décadas la estamos pidiendo, exigiendo y anhelando, y que para muchxs es uno de los motivos por el cual nos hicimos activistas) se ha logrado hacer que la carga viral alcance niveles indetectables en sangre, y la prueba más reciente es el estudio PARTNER (presentado en julio de 2016) donde queda expresado que quien tiene su carga viral controlada de manera “indetectable” (menos de 50 copias), con la adherencia adecuada a los antiretrovirales ARV, (tratamiento para disminuir el proceso del VIH en su reproducción) y con los cuidados pertinentes, hay una posibilidad de 0% de transmitir el virus.
Así y todo, hoy día, lamentablemente tenemos personas muertas por SIDA. Y esto se debe principalmente al estigma y la discriminación, en todas sus formas y expresiones: familiar, social, sanitaria, etc. Discriminación por falta de Educación Sexual Integral, porque aún hoy, las prácticas sexuales siguen siendo tabú, y por ende el VIH también. Seguimos dudando de hacernos el test, “por si nos da positivo”, como si fuese mejor no saber; entonces se escuchan cosas como: -“van a pensar que estoy con cualquiera”, como si el sexo casual fuera mala palabra; -“va a ser obvio que tuve relaciones sin cuidarme”, como si fuera mentira; -“van a pensar mal de mí”, como si fuese más importante nuestra reputación, que nuestra propia salud.

Estigma y discriminación

El miedo y la ignorancia acerca de la enfermedad y los modos de transmisión del virus, o los prejuicios y tabúes en torno a la sexualidad y los hábitos de vida de aquellas personas que son percibidas como “diferentes”, son algunos de los aspectos con que se entretejen el estigma y la discriminación alrededor del VIH.
Producto directo del estigma y ligada a él de forma inseparable se encuentra la discriminación. Si el estigma pertenece al ámbito de la construcción social del significado, la discriminación tiene que ver con el trato que se realiza a las personas estigmatizadas. Por tanto, el estigma y la discriminación están relacionados de forma íntima, ya que cuando el estigma se instala, el resultado es la discriminación. Se refuerzan y legitiman mutuamente.
Las consecuencias del estigma y la discriminación por el VIH son tanto psicológicas (sentimiento de culpa, baja autoestima, depresión, etc.) como de orden práctico (denegación de servicios y violación de derechos laborales, sanitarios, sociales, etc.). Su efecto es aún más perverso al reforzar y solaparse con otras discriminaciones preexistentes (género, orientación sexual, identidad de género, consumo de “sustancias ilegales”, etc.).
Hay muchas formas de discriminar, y quizás la discriminación más dura que tenemos que afrontar al principio es la que nos hacemos a nosotrxs mismxs, cuando nos negamos a aceptar el diagnóstico; pero cuando lo superamos, y decidimos que vamos a salir adelante, nos encontramos con la discriminación de los demás. La mayor parte de la población que te discrimina cuando se entera que tenés VIH, lo hace por no estar bien informada, específicamente por miedo a que le transmitan el virus. Te discriminan por las dudas: por las dudas, no toman de tu vaso o comparten un mate con unx; por las dudas, usan otros cubiertos; por las dudas, no se te acercan mucho, por ignorantes. Es triste ver cómo pasas de ser una persona querida por muchxs, a ser casi unx bichx rarx, casi sujetx de lástima. Te das cuenta que no te quieren lastimar, que no es su intención aislarte, pero que los prejuicios, los miedos y la desinformación no les permite actuar de otra manera la mayoría de las veces.
Lamentablemente, también existe otro grupo selecto de personas que además de estar desinformadas, se vuelven agresivas. Y ese es el punto en donde la discriminación se transforma en violencias. Es el momento donde te sentís tan impotente y vulnerable a la vez, que si no tenés una autoestima alta y un entorno que te contenga, terminas sintiéndote culpable por vivir con el virus. Y eso es injusto. Nadie debería poder ultrajarte de esa manera. Nadie debería juzgarte. Pero lo hacen, te acosan por las redes por decidir ser “visible” y activista como respuesta de incidencia política para ayudar a otrxs, te insultan, te amenazan, se burlan y te acusan de “putx, de enfermx, de sidosx”. Como si esos fuesen insultos. Como si con eso pudieran evidenciar su presunta superioridad. Como si unx no padeciese bastante lidiando con el virus, como para encima lidiar con alguien que te tortura. Porque realmente es una tortura (para muchxs).
Cuando le decís “sidosx” a alguien, no lo estás insultando, sólo estas usando una palabra de una forma despectiva para referirte a esa persona. Y al final, esa palabra, deja entrever más cosas negativas de vos, que de lo presuntamente negativo que puede decir de la otra persona. Porque de esa persona, solo dice que tiene un virus que se lo transmitieron, quizás por la misma desinformación que hace que vos intentes insultarlo diciéndole “sidosx” o porque simplemente nació con el virus. Pero de vos, dice que sos unx irrespetuosx, que se burla de los demás. Habla de tu ignorancia, porque seguramente no sabes la diferencia entre alguien que tiene SIDA y alguien que tiene VIH. Habla de tu falta de empatía. Pero también habla de tu miedo a que te lo transmitan, de tu creencia de que mi muerte “te va a salvar del bicho”, de tu mente cerrada.
¿Y sabes qué? El vivir con VIH me demostró que esto no es algo digno de burla, ni es un chiste. Es algo serio, porque la vida es algo serio. Se transformó para mí en causa de lucha y ayuda a otrxs. Mi muerte no te va a salvar del “bicho” y tu miedo tampoco. Y aunque podría responderte con insultos, elijo cuidarte a vos también. Ayudarte a entender que el VIH no es un chiste, ni algo lejano que les pasa a otrxs. Porque quizás en algún momento yo pensaba como vos, y acá estoy. Lo único que te salva es informarte, educarte, cuidarte y cuidar al otrx que tenés al lado. Y cuidar al otrx implica ponerse en sus zapatos, aunque ese otrx sea yo.

Artículo del Lic. Hernán Vidales. ¡Conocelo!; en la sección de Colaboradores

BY:

yaninalopez1989@gmail.com

Egresada de la Tecnicatura en Comunicación Social,tesista de la licenciatura en la FhyCs de la UNaM. Feminista y militante por los Derechos de la diversidad sexual y corporal, integrante...

2 Comment

  1. Today, I went to the beach front with my kids. I found a sea shell and gave it to my 4 year old daughter and said “You can hear the ocean if you put this to your ear.” She put the shell to her ear and screamed. There was a hermit crab inside and it pinched her ear. She never wants to go back! LoL I know this is completely off topic but I had to tell someone!

    • Florencia Gritti -

    • marzo 2, 2018 at 15:39 pm

    Hermoso escrito, admiro tu capacidad de acercar lo ajeno, de deconstruir lo siniestro.. y transmitir en eso el mas profundo de los dolores transformado en un grito de lucha.. Juntos por la cura, basta de lucrar con la salud!

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