NACIONALES,  OPINIÓN

El lenguaje igualitario, una propuesta superadora.

En estos días se instaló en los diferentes medios de comunicación de nuestro país, la polémica sobre ¿qué tan inclusivo es el lenguaje inclusivo? Algunas personas argumentan que en este lenguaje las personas sordas y ciegas no tienen lugar.

Y hasta pareciera que se inventaron “parámetros” para poder verificar si realmente es un lenguaje inclusivo o no.

Ante este contexto resulta clave responderse ¿realmente conozco cuál es el objetivo, la razón y la génesis de lo que popularmente se conoce como lenguaje inclusivo?

Esta modificación del lenguaje nace en la cuna de los movimientos feministas y del colectivo LGBTIQ+ (Lesbianas, gays, trans, intersexuales y queers) ante un pasado y un presente histórico patriarcal y androcentrista, donde claramente el lenguaje no está exento.

Desde el inicio de los tiempos se enseñó en todas las instituciones sociales que al decir “Todos”, todas las personas estaban incluidas en dicha expresión; también se nos indicó que “hombre” era sinónimo de humanidad y persona. ¿Dónde están las identidades femeninas y/o feminizadas en estas expresiones? “El lenguaje nos genera existencia”, afirma el sociolingüista francés Emile Benveniste, de modo que lo que no pronunciamos no existe.

Es así como en un principio nace la propuesta de la visibilidad de la “A” en el discurso. En este sentido podemos dar el ejemplo de la ex presidenta y actual vice presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien instaló públicamente este uso en el lenguaje.

Sin embargo, al parecer el problema no es con la “A”, sino con la “E” y su catastrófica falta de “inclusión” según algunes. Sucede que si bien la incorporación de la “A” es muy necesaria como ya la hemos visto, aún no es suficiente pues sigue recreando un modo binario en el discurso, dando visibilidad solamente a identidades femeninas o masculinas, cuando hay personas que no se encasillan en ninguna de éstas o fluyen entre ambas, es el caso de las personas no binarias.

Es aquí donde nace la E. De este modo todes estamos representades en el discurso.

Y es justo en este momento dónde alguien puede lanzar al espacio una pregunta/reclamo como la que circuló en días anteriores: “Pero ¿dónde están los ciegos y los sordos en todo esto?” A lo que responderé: están presentes en el lenguaje, fíjense que podemos nombrarles.

Las identidades no binarias ni siquiera existencia tenían en el en el lenguaje y ese es uno de los objetivos del mismo.

Al mismo tiempo debo admitir que celebro la existencia del lenguaje inclusivo, aunque disienta con su denominación y considero que quizás es ésta la posible razón de que existan este tipo de contraargumentos.

Hablar de inclusión supone la acción de incluir, separa al conjunto de personas en dos bandos: a quienes incluyen y a quienes son incluides, recreando una relación asimétrica que no armoniza con la búsqueda de las equidades de géneros-objetivo de éstas modificaciones del lenguaje todo lo contrario, la refuerza.

Es por eso que prefiero hablar de lenguaje igualitario.

Paralelamente pareciera haber un reclamo más allá del lenguaje, la demanda sobre las imposibilidades y la falta de acceso de las personas ciegas y sordas en la sociedad ¡Y vaya que sí! También es una deuda histórica.

Sin embargo un reclamo no invalida al otro, ambos son legítimos.

Y justamente este aspecto es uno de las banderas que tienen los colectivos de la diversidad sexual: construir juntes una sociedad en la que todes tengamos existencia

Lic en Comunicación Social, egresada de la FHyCs de la UNaM. Feminista y militante por los Derechos de la diversidad sexual y corporal, integrante de Somos Diverses y la Liga LGBTIQ+ de las provincias.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *