ACTIVISTES,  HOY

La imposición de Ser

Históricamente las personas trans fueron (y son) perseguidas, violentadas y excluidas por la sociedad. Es habitual que la mayoría de la población les observen con desprecio, otres con falta de entendimiento, algunes se animan a más realizando algún tipo de comentario y en el peor de los casos terminan en trans-travesticidios.
¿Por qué?

Desde niñes nos enseñaron (y algunes lo siguen haciendo) que el sexo biológico es lo que definía nuestra identidad de género, así si teníamos pene éramos varones, si teníamos vagina eramos mujeres. En consecuencia si éramos varones nos asignaban el azul junto a otros colores oscuros como los preferidos, la fuerza y los deportes de riesgo como nuestros hobbys, las mujeres como lo único válido en la atracción y el “mandato de la masculinidad” como diría Rita Segato (2016). Por el contrario, si nos definían como mujeres debíamos usar el rosa junto a otros colores claros en ropas, juguetes, utensilios y todo lo que se nos ocurra; debíamos tener docilidad, pasividad en nuestros accionares y ser eternas amantes de nuestro sexo opuesto con quien deberíamos tener dos hijes como mínimo.

Sin embargo, resulta clave entender que este es sólo un modo histórico de ser, expresarse y sentir. Un modo cisgénero, binario, patriarcal y heteronormativo (Warner 1993).Este paradigma hegemónico fue recreado en todos los dispositivos de poder, en palabras de Foucault (1976), como: las instituciones escolares, las normas jurídicas, el mismo Estado, la familia, los medios de comunicación, entre otros. En efecto este paradigma también se sustenta en la discriminación de todes aquelles que no se visten, sienten, y actúan de acuerdo a él generando violencia y exclusión.

Durante muchos años la fuerza policial detuvo y apresó a identidades trans por “circular en la vía pública con vestimentas de mujer”, por “falsificar su identidad”, por “demencia”. Estos eran algunos de los argumentos por los cuales oprimieron, generalmente a las mujeres trans, las cuales siempre tuvieron mayor visibilidad. En el caso de los varones fueron históricamente reprimidos y muy poco visibles debido a este modelo normativo. En ambos casos fueron catalogados como “enfermos” bajo enfermedades legitimadas por la misma medicina como ser: la disforia de género. Patología que“se utilizaba para referir al disgusto o malestar que una persona supuestamente tiene en relación con el “sexo” que le fuera asignado al nacer”, como si fuera que lo único que les definía, en términos identitarios, era lo que tenían entre las piernas. Así las identidades trans fueron (y lo siguen siendo) criminalizadas por romper con la identidad binaria; por trans-gredir las identidades de género hegemónicas: varón-mujer y por no necesariamente coincidir en la definición de la identidad el sexo biológico con la identidad de género. Históricamente lo que no se consideró es que lo trans en conjunto con otras disidencias sexuales, propusieron una terciaridad de ser. Otra opción válida que abre innumerables formas de querer, expresarse y de ser, lo que provoca no sólo la ruptura de este modelo excluyente, sino que instala que hoy la diversidad es la norma.

Marlene Wayar: travesti, activista, escritora.

Lic en Comunicación Social, egresada de la FHyCs de la UNaM. Feminista y militante por los Derechos de la diversidad sexual y corporal, integrante de Somos Diverses y la Liga LGBTIQ+ de las provincias.

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