Por Micaela Feversani

Mi primera marcha fue en el 2015. Estaba cursando el segundo año de la carrera de Comunicación Social y en una cátedra estábamos problematizando el uso del espacio público en las movilizaciones. La verdad es que, hasta ese momento, no entendía mucho qué onda y tampoco sentía que me copaba participar.

La realidad es que siempre que hubo cortes de calles o personas manifestándose en las plazas, no pensaba mucho al respecto, y si lo hacía, era para enojarme sin razón y ni siquiera preguntar por el motivo que las llevaba a estar ahí. En pocas palabras: era indiferente.

Recuerdo que en abril de ese mismo año, en la facultad se recordaba el femicidio de Lucía Maidana. Ese día compañerxs, estudiantes, docentes y comunidad educativa en general acompañaron a lxs familiares y amigxs de Lucía a salir a las calles para reclamar justicia.

Ese día me sumé, fui a marchar, estuve ahí. Caminé, grité, lloré y pensé nunca más dejar de salir a la calle por las injusticias. Algo que desde siempre me dolieron, pero muchas veces no sabía cómo y qué hacer con eso.

Salir a las calles me dio otra conciencia: la conciencia social. De a poco me pude ir sacando el miedo de las miradas ajenas. Aunque más de una vez, en alguna que otra marcha, me tocó escuchar insultos desde las veredas de enfrente, en ese momento no importaban realmente.

De todas formas, me daba cuenta que a pesar de que muchas veces estaba en la misma lucha que mis compañeros varones, para mí, siendo mujer, siempre era distinto. Hablar de justicia social sin pensar en la igualdad de género se me hizo imposible. Entonces empecé a reconocerme como feminista.

Admitir ser feminista y declararlo, es todo un tema. Te empezás a sentir incomoda con todo lo que te parecía natural y estás en un estado de critica constante. No es fácil. Lo cuestionas todo y todo va teniendo otro sentido.

Estos últimos años, vi que una nueva ola feminista llegó. Las pibas de 16 años no nacieron feministas, porque en realidad nadie lo hace. Pero ellas “se despertaron temprano”. Con otra conciencia, con otra mirada, pero por sobre todo con ganas de ser libres y querer cambiarlo todo.

Como siempre, hay todavía gran parte de la sociedad que no entiende. Que no sabe y que tampoco acepta. Pero cada vez son menos. Porque esta nueva ola de mujeres organizadas, llegó para educar a familias enteras y para hacer del futuro, feminista.

Este 8 de marzo, las mujeres volvemos a parar el mundo. Volvemos a salir a las calles. Porque somos muchas y tenemos miles de motivos para hacer oír nuestras voces, muchas veces silenciadas.

Si vos que estás leyendo esto, te sentís interpelada por algo, por al menos una parte de nuestra lucha, y querés marchar pero no te animas a ir sola, te cuento que hay un movimiento entero de mujeres que te espera y te va a abrazar. Porque nuestra causa somos todas nosotras y porque ahora nos tenemos las unas a las otras.

BY:

mica.feversani@gmail.com

Estudiante de Comunicación Social. Feminista y militante por los Derechos Humanos.

2 Comment

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